(via alisahelene)
~ OO6
Sábado por la noche, casa de verano de Matt O’conell.
La fiesta que el mayor de los hijos del matrimonio de James O’conell y Lindsay Brennan había organizado como despedida de Quinn había resultado todo un éxito; muchas personas habían asistido, y quizás eso se debía a la facilidad que tenía Matt a la hora de hacer sociales con nuevas personas. Y, por otro lado, Priya Fells se había encargado de que no faltara nada, ni comida ni bebida, y también había hecho un gran trabajo con la decoración. Y, como esa sería la última fiesta antes del tan importante Cotillón, para que luego empezaran las clases, nadie podía perdérsela; era por eso mismo que todo debía salir a la perfección.
Aunque claro, el hermoso ambiente que habían preparado los anfitriones no había durado demasiado, pues al poco tiempo de haber empezado la fiesta, los adolescentes más atolondrados ya se habían puesto manos a la obra en su intención de acabar con el alcohol allí presentado. Y, como no podía haber sido de otra forma, en ese grupo de personas se encontraba incluido Zachary Fields, como el joven tan incapaz de negarse a la borrachera.
Al principio, había empezado con una copa, como siempre sucedía; pero, eventualmente, una se habían hecho dos, y antes de que pudiera darse cuenta, estaba sentado en la arena, rodeado por una multitud de personas que sólo lograban marearlo cada vez más. Todo a su alrededor le daba vueltas, y era cuando en su garganta se formaba un nudo que Zach bebía de la botella de cerveza que llevaba en su mano derecha, como si de esa forma fuera a ser capaz de que las náuseas desaparecieran.
Fue cuando estaba a punto de morirse que optó por llamar a la única persona en el mundo en la que sabía que podía contar en ese momento. Por alguna razón, siempre había sido ella; adoraba a su novia con todo su corazón, y tenía a muchos amigos allí presentes capaces de llevarlo hacia su casa. Pero, a la hora de marcar un número en su celular, fueron los dígitos de su mejor amiga los que primero se le vinieron a la cabeza.
Habló con voz baja, casi en un susurro, y si bien para otro no hubiera sido suficiente, supo que May le había entendido a la perfección.
Necesitaba su ayuda, y la necesitaba de inmediato.
Había tenido suerte, realmente de que May escuchara el teléfono y se levantara de la cama para contestar, pensando primero que era su madre, y que no se había acordado del cambio de horario desde Europa hasta Estados Unidos, y quería hablar con ella, pero tras ver el nombre en la pantalla iluminada de su teléfono no le sorprendió tanto que fuera Zachary al segundo de escuchar su voz; estaba borracho.
Se vistió, más bien se colocó unas zapatillas para recoger su pelo en una coleta, y observó de reojo la cuna de Laine, ¿Qué hacía? No podía dejarla sola, tampoco podía pedir a nadie que se quedara con ella a esas horas, y lo último que quería era molestar. Con sumo cuidado la cogió en brazos para cagarla mientras colocaba bien la camiseta de su pijama y bajaba las escaleras para coger las llaves, metiendo su teléfono móvil en el bolsillo de su pantalón corto y cerró la puerta tras de si sin hacer ruido.
Colocó a Lulu en su sillita del coche, procurando que no se despertara era lo último que necesitaba, y se montó ella en el asiento del conductor para arrancar y ponerlo en marcha.
A ella la habían invitado a la fiesta de Matt, pero no tenía con quien dejar a Lulu y lo cierto era que no le gustaban ese tipo de fiestas y lo último que haría sería dejar su responsabilidad para ir a divertirse, por mucho que fuera verano, por muchos 17 años que tuviera, tenía una hija; pero en sus planes de noche de sábado no había incluido el pensar que Zac se pondría tan borracho como para necesitar su servicio de taxi.
May dejó atrás los cuatro semáforos que tenía hasta la casa de los O’conell, y aparcó delante de ella, desde donde se podía oír la música, y le mandó un mensaje a Zac, esperando que supiera como contestar y leer, no podía ponerse a buscarlo por todos lados.
Aunque le costó demasiado hacerlo, Zachary finalmente pudo contestar el mensaje de May; rogó porque hubiera escrito lo que quería, pero lo cierto era que todo se le movía, y la pantalla del aparato que sostenía en su mano le resultaba borrosa, casi imperceptible.
Esperó un largo rato allí sentado, muy cerca de la entrada a la casa de los O’conell, ahogando sus penas en alcohol, y preguntándose si no debería reformular su carta de salida. Sin embargo, sus dudas desaparecieron de un momento a otro, ya que fue cuando estaba recorriendo el lugar con una mirada vaga y para nada profunda que pudo advertir cómo la muchacha de cabellos rubios se acercaba a lo lejos. Una amplia sonrisa de oreja a oreja se formó, como siempre sucedía cuando de May se trataba; con cierta dificultad, se puso de pie, aunque tuvo que atrapar la cerca de madera frente a él y sostenerse de ella en un intento de no caer al suelo. Tuvo la sensación de que sus ojos daban vueltas, y su estómago también; rápidamente, echó la botella de cerveza al suelo, pues lo que menos quería era que la joven lo regañara cuando viera todo lo que había bebido.
Las comisuras de sus labios se alzaron aún más una vez que May se hubo detenido frente a él, y finalmente, Zach separó los labios antes de hablar.
—Hola, matanga.
El ceño de May se frunció de manera notoria en cuanto encontró a Zac frente a ella, con aquella expresión que le daban ganas de pegarle un puñetazo en la cara, esa sonrisa de borrachera que siempre se le ponía.
No solían tratar el tema muy a menudo, cuando él estaba ebrio, pero si que May solía fastidiarlo suficiente cuando estaba borracho siempre que lo llevaba a casa, por lo menos aumentaba su malestar, aunque al día siguiente ni siquiera se acordara; no le gustaba verlo así, y menos cuando sabía que lo tomaba como costumbre cada fin de semana, quizá pronto, sino ya, el tema del alcohol se le había ido de las manos.
—Al coche —farfulló extendiendo su mano para atrapar su brazo, para hacerlo caminar, con un ritmo normal, y ayudarlo a mantenerse derecho—. Antes de que te vea Angela así y te pegue una patada en el culo por estúpido que eres —comentó en el mismo tono de antes, quizá el tono que usaría su madre si lo pudiera verlo así.
Zachary tenía que llegar a casa, darse una duchita y dormir la mona, hasta ser persona de nuevo.
Echó un vistazo a su alrededor, y a decir verdad había poca gente allí, todos estaban o dentro de la casa o en la playa que había cerca del hogar O’conell, un punto para ambos, aunque probablemente todos estaban igual de afectados que Zac.
Tuvo cuidado de que no se cayera al bajar el bordillo, lo último que necesitaba era a un Zachary borracho, herido y sobretodo quejica como él solo.
El muchacho caminó como pudo, evitando zigzaguear, pues sabía qué tan molesta se pondría May si no aparentaba que estaba mejor que en lo que realidad estaba. Ella podía ser muy gruñona siempre que salía el tema de las fiestas y cómo le gustaba pasarlas a ese chico; por eso era que, a decir verdad, no era su intención que ella lo viera así. Pero sentía que, en ese momento, era una de las pocas personas que no le daban la espalda, y siempre había sido la única que siempre había estado ahí. Era por eso mismo que no podía culparse a sí mismo por llamarla a ella cuando se encontraba en esas condiciones, y si bien le daba vergüenza tener que hacerlo, no lo recordaría al día siguiente, ¿verdad?
—No, eso no sería bueno —murmuró en respuesta al último comentario de May, tras haber arrugado la nariz debido al tono de voz determinante y algo mandón que estaba usando la joven. Pero, una vez más, no podía culparla; él estaba mal, y se sentía mal. No podía imaginarse qué tan mal se veía.
De a poco, se alejaron de las personas allí presentes, y Zach dejaba marcadas en la arena pisadas bastante irregulares a medida que ambos se aproximaban al coche de ella.
—Sobre todo porque he estado evitando a Angie en lo que va de la noche —confesó, y no tardó en apretar sus labios una vez dicho aquello. No, no; no podía hablar de eso.
—Debería darte vergüenza —masculló entre dientes cuando lo miró de reojo, sin perder de vista el coche—. Si tuviera un novio como tú le abriría la cabeza —se quejó May conforme caminaba y lo apremiaba para que anduviera un poco más deprisa.
—Lulu está dormida en el coche, asi que ligerito, debe quedarse en tu conciencia que saqué a mi hija de su cama para venir a buscarte —le dijo como información cuando alcanzaron el asfalto y lo soltó para que caminara solo, asomando ella la cabeza por la ventana para ver que Lulu aún seguía profundamente dormida, mejor que aguantara así todo el camino.
—Te quiero calladito ahora dentro, porque como la despiertes te capo, Zachary —le avisó señalándolo antes de abrirle la puerta de atrás—. A dormir —susurró, por lo menos si Zac iba dormido se ahorraría de asegurarse de que se callara y pasaría un viaje mucho más fácil, a veces le daba por hablar, por cantar y otras por quejarse de haber vivido o de incluso el color de su coche.
—Completamente de acuerdo con ello —murmuró ante el primer comentario de la rubia, asintiendo una vez con la cabeza. Y sí, era verdad; probablemente, él se habría abierto la cabeza a sí mismo si llevara nota de las cosas que hacía o pensaba cuando estaba en ese estado. May tenía razón, no lo negaría.
Y hasta ahí, todo bonito y entretenido. Pero, una vez que hubieron llegado al automóvil de la mejor amiga de Zach, el aludido, lejos de hacer lo que May le estaba ordenando, sonrió de medio lado, de una manera algo socarrona. Finalmente, se acercó hacia ella, y se detuvo a tan sólo un par de centímetros de su rostro. La distancia que los separaba era muy peligrosa, y eso, lejos de molestarle al chico, sólo logró que la comisura derecha de sus labios se elevara un poco más. Se apoyó contra la puerta abierta del coche, depositando sus dos brazos en su parte superior, aunque sin dejar que su peso completo cayera sobre ella. Con la puerta separándolos, los ojos del castaño recorrieron el rostro de su mejor amiga, y él tardó tan sólo un par de segundos en volver a hablar.
—¿Alguna vez te hedicho que eres la persona más maravillosa que he conocido en mi vida? —le preguntó, alzando una de sus cejas. Chasqueó la lengua y tragó saliva antes de añadir—: Y lo digo en serio, no porque esté tomado o por la excusa que sea que vayas a poner. —Se encogió levemente de hombros, para nada arrepentido de su sinceridad. Después de todo, nada de eso era mentira.
—En serio, tú… —Sus ojos se desviaron hacia el horizonte por tan sólo un momento, y finalmente, volvieron a fijarse en los de May. Ahora, no estaba sonriendo: la expresión de su rostro era seria como pocas veces—. Tú dejarías todo para venir a ayudarme, a rescatarme. Y no creo que alguna vez te haya dicho cuánto aprecio eso.
Inspiró profundamente por los orificios de su nariz. De repente, todo parecía más claro que nunca, y al mismo tiempo, su cabeza era un lío; su sentido común le decía algo, pero al mismo tiempo, algo dentro de él le decía que no estaba haciendo nada malo. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía auténtico, como si de veras fuera eso lo que debía hacer. No podía explicarlo, y sabía qué tan mal estaba.
Pero no podía negar lo que sentía, porque nadie lo sabía mejor que él.
—Eres genial, ¿lo sabías? —inquirió, soltando una risa por lo bajo—. En serio. Eres genial, y eres perfecta así como eres. Y si los demás no lo notan, allá ellos. No los necesitamos. —Soltó un suspiro—. Tú eres, probablemente, la persona que más me ama del mundo; y, al mismo tiempo, a la que más amo yo.
Ahora sí, la sonrisa que se había borrado volvió a aparecer, aunque no fue tan notoria como antes. Ni siquiera supo bien qué fue lo que lo llevó a hacer lo que seguía, y al mismo tiempo, conocía las razones a la perfección; pero el hecho fue que, sin poder evitarlo, y sin pensárselo demasiado, Zach se aproximó hacia ella, sellando sus labios con los de May con dulzura.
May, en cuanto observó acercarse a Zachary, primero esperó con cautela, pero cuando sabía a que iba, ella estampó su mano en su pecho para separarlo, aunque fue tarde, sus labios rozaron de los de Zac, pero sus ojos ni siquiera se cerraron, en su estómago se instaló un nudo incómodo que casi la asfixiaba. ¿Qué diablos estaba haciendo? ¿Porqué había dicho todo aquello?
En un primer momento pensó que se había puesto simplemente cariñoso, en plan amigos, como siempre habían sido ellos, ¿Estaba confundiendo él la amistad de May o era al reves? Siempre había quedado claro el término de amistad entre ambos, nunca habían habido confusiones de ese tipo, May lo había visto como un hermano y nada más.
Empujó con todas sus fuerzas a Zachary hacia atrás para separarse ella dando un par de pasos, mientras fruncía el ceño casi con horror.
—¿De qué mierda estás hablando? ¿Qué te pasa? —inquirió evidentemente enojada.
Agradecía en el alma aquellas palabras, por supuesto que sí, que él pensara que May era especial, genial, maravillosa y esas cosas bonitas eran muy agradables, incluso era verdad que no necesitaban a nadie más, pero en su amistad, no en otra cosa.
¿Creería por un segundo Zac que ella era Angela o como iba eso? Lo observó aún con los parpados entrecerrados, mientras le buscaba una explicación razonable.
—Soy May, tu amiga, no sé de que hablas, tú amas a Angela, ella es tu novia —comentó cuando llevó la mano a sus labios y bajaba la mirada.
Tenía la horrible sensación en el cuerpo de que era una perra sucia y fría, que había traicionado a Angela, aun sabiendo, porque lo sabía, que Angie estaba celosa de ella; y aunque no eran mejor amigas, si que existía cierta complicidad entre ambas quizá por Zac, su mejor amigo la había besado, ¿Qué le pasaba al mundo?
—Metete en el coche, te voy a llevar a casa —le ordenó, ahora sí que era una orden clara, antes que su vista vagara por todo su alrededor en busca de unos indiscretos.
Pero el muchacho frunció el entrecejo y, por consecuente, también la nariz, al mismo tiempo que cerraba sus ojos, como quien no quiere la cosa.
—Oh, dios mío… —comenzó a decir, a medida que se acercaba hacia ella, aunque guardando cierta distancia; después de todo, lo que menos quería en ese momento era que May saliera corriendo para otro lado, o peor, que lo odiara. Dios sabía cuánto se culparía él si ella llegaba a hacerlo, a verlo como la basura de persona que siempre sus padres le habían dicho que era. No podría soportarlo, pues era suficiente con ellos, como para que también ahora ella lo tomara como un monstruo o algo por el estilo—. May, lo siento.
Apretó la mandíbula, sin poder evitar sentirse como el peor del mundo. ¿Cómo podía haberle hecho eso a Angie? Y lo peor de todo era que no se retractaba. Sabía que lo que había hecho estaba mal, y era bien consciente de que debería arrepentirse. Pero de hecho, no lo hacía. Eso, claro, tenía mucho que ver con el estado catastrófico en el que se encontraba, pero no podía verlo, no en ese momento.
—Demonios, lo siento mucho —musitó, para luego tragar saliva. Se detuvo en seco, sin poder terminar de percatarse de lo que acababa de hacer, del daño que había cometido, no sólo hacia su mejor amiga, sino también hacia Angie, y hacia él. Estaba mal, todo eso estaba mal, y aún no caía en la cuenta.
Fue recién entonces cuando, de la nada, una voz que él reconocía a la perfección intervino. A juzgar por el tono, la joven que se apareció en la escena parecía haber visto un fantasma o algo por el estilo.
—Vamos, Zach —murmuró Alayna Cunning. La muchacha de cabellos rubios no sabía muy bien cómo actuar, pero sí sabía que debía interrumpir eso; Zach no debía estar ahí, no en ese momento. Tenía que estar en otro lado, dando explicaciones que serían necesarias luego de la situación que Savannah y ella acababan de presenciar. A paso veloz, se acercó hacia él, y sintió mucho tener que ignorar a May de esa forma, cosa que se vio reflejada con claridad en la mirada de disculpas que le dedicó a la chica. Pero no tenían mucho tiempo, no si Savannah había hecho lo que ella pensaba que había hecho—. Lo siento —les dijo a ambos, antes de comenzar a caminar hacia la playa una vez más. Con sus hombros rodeados por un brazo de Zach, apretó los labios en una mueca claramente dirigida hacia May, y finalmente, sus labios fueron a parar al oído del muchacho antes de soltar—: Tenemos que ir con Angie. Ahora.
Quizás, no sería demasiado tarde.
This one’s my best friend, and also, a pain in the ass(?) But I still love her.
(Source: let-the-music-speak)
(Source: muskyvanillaa)
(Source: neaking)
~ OO5
La muchacha de cabellos castaños tomó el teléfono celular que tenía en la mesa de la sala y marcó el número que se sabía de memoria, llevando el móvil hasta su oído para escuchar del otro lado.
Tomó una bocanada de aire, y le echó un rápido vistazo al comedor grande en el que estaba junto a Lydia. Le sonrió a su amiga, y se incorporó antes de salir del lugar para dirigirse hacia la cocina. Necesitaba hablar con él. Angela necesitaba hablar con él.
Por su parte, Zachary, quien hasta ese momento había estado echado en su cama, dispuesto a darle fin a ese día, no se sorprendió para nada al escuchar el timbre de su teléfono celular. No podía decir que no se la había visto venir; después de todo, siempre que las cosas con Angie quedaban inconclusas, uno de los dos llamaba al otro. No era nada nuevo, y de hecho, ya comenzaba a parecer un cliché.
Tuvo que sentarse antes de contestar, como si de esa forma pudiera recuperar un poco de la lucidez que se había llevado su sueño.
—Hola, cariño —la saludó, tras haber chequeado y reconocido el número que llamaba.
La castaña del otro lado del teléfono no pudo evitar que las comisuras de sus labios se fueran alzando de a poco en una sonrisa que iba de medio lado.
—Hey —murmuró bajito, y tomó asiento como pudo en la isla de la cocina, y los ojos se volvieron brillosos de repente—. I’m sorry —dijo con voz firme, porque no iba a dejar que Zach se sintiera culpable como solía hacer por algo que ni siquiera era su culpa.
El muchacho frunció los labios, aunque aquel gesto no duró demasiado.
—¿Por qué? —le preguntó, alzando una ceja. Pretendió permanecer neutral, pero no podía, ni quería; por alguna razón, le costaba demasiado ser sensato con ella. No cuando eso significaba poner en peligro su relación—. No lo estés. Fue una discusión, y todas las parejas tienen de esas —le dijo, sonriendo de medio lado levemente. Estaba seguro de que ellos tenían varios problemas que aún no habían logrado resolver, pero eso no dejaba de ser cierto.
Entonces, ella sonrió con amargura.
—Claro —volvió a murmurar, y un nudo se formó en su garganta.
Angie era un monstruo, y Angela lo era aún más, es decir, ella dejaba que Angie se manejara como quería, ¿no? No hacía nada para impedirlo. Era una estúpida, una sumisa estúpida.
—Yo… —Se quedó pensando, mirando las uñas que Lydia acababa de hacerle, y le dio un golpecito a la isla como si eso fuera a ayudarla a pensar mejor o algo por el estilo—. I love you, you know that, don’t you?
Las comisuras de sus labios se alzaron un poco más, como si lo que acababa de escuchar fuera la fórmula para la felicidad.
—I know —musitó, con voz baja, casi en un susurro. Inspiró profundamente por la nariz e hizo una pausa antes de agregar—: I love you too.
Su entrecejo se arrugó por tan sólo un momento, y no tardó demasiado tiempo en volver a la normalidad. Tragó saliva antes de reír por lo bajo.
—No seas tonta, y deja de ser tan paranoica. Pásala bien para variar.
—No puedo evitarlo —bromeó y rió por lo bajo. No tardó mucho en sentir que se le achicaba la garganta, y de todas formas había separado los labios para hablar—. There’s something… Quiero decirte algo —asintió con la cabeza una sola vez, y miró hacia el frente por la ventana de su casa a la del vecino. Ahora que se daba cuenta, ni siquiera sabía quién vivía en esa casa. ¿Un poco enfocada en su mundo? No se daba nadie una idea.
Tenía la necesidad de decirle a Zach lo que casi estaba por hacer, lo que se le había pasado por la cabeza; él tenía derecho a saberlo, creía ella.
El aludido no pudo evitar que su nariz se arrugara. Eso no era bueno, podía sentirlo; después de todo, el tono de voz de las personas no mentía. Y el de su novia era serio como nunca, por lo que dudaba que estuviera a punto de contarle algo acerca de la fiesta del sábado.
—¿Ha pasado algo? —inquirió, sin rodeos, tras haber tragado saliva. La curiosidad comenzó a carcomerlo de un momento a otro.
— ¡No! —Se apresuró a responder Angela, y a eso le siguió una rotunda negación por parte de su cabeza—. No, no, por Dios… Ew —soltó bajito, y eso la hizo reír también, quedándose sin decir nada por un rato.
Frunció un poco el ceño. Era más lo que podría haber hecho que lo que había hecho, ¿no?
Bueno, en realidad, si se lo pensaba mejor… No había hecho nada. Esa última idea hizo que frunciera los labios y se encogiera de hombros. Uno no es infiel por los pensamientos, hasta donde creía ella.
—Ya me habías asustado —confesó Zachary, negando varias veces con la cabeza. Le tomó un tiempo, pero finalmente, rió por lo bajo; se echó sobre la cama por completo, y se permitió a sí mismo cerrar los ojos por tan sólo un momento. Se sorprendió a sí mismo al percatarse del sueño que tenía, y de lo difícil que se le había hecho volver a fijar su mirada en el techo—. Tienes que dejar de ser tan seria —añadió, medio en chiste, medio en serio.
Por último, el muchacho de cabellos castaños tragó saliva y volvió a cerrar sus ojos, esta vez, sin intención de abrirlos una vez más.
—Te quiero —le dijo, con sinceridad.
Las comisuras de los labios de Angie volvieron a formar una sonrisa, ésta vez más calma, que no acompañaba para nada sus ojos llorosos.
—Ve a dormir, anda, que te oyes peor que un zombie —se quejó en broma, con esa voz que no era ni ronca ni del todo limpia—.Que descanses… Te quiero —dijo con sinceridad.
Para eso estaba Angela: para patearle la cara a Angie e indicarle que lo que estaba haciendo no estaba bien. No había chico lindo, musculoso, rubio y sexy de aspecto bonachón que pudiera con lo que sentía por Zachary Fields.
(Source: charlottefisher)